Reflexiones para tí.

¿Cuán prudente eres?

 Exorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes (Tito 2:6, RV95).
 

Se cuenta que un rey necesitaba contratar a un chófer para que lo llevara de su palacio, que hallaba en la cumbre de una escarpada montaña, a una pequeña ciudad del valle. Era preciso que el conductor supiera bien cómo manejar a través de un camino angosto y repleto de despeñaderos que intimidaban al más valiente de los mortales. El anuncio se espació por toda la comarca y varios días después se presentaron tres candidatos.

Tras explicar los desafíos de aquella tarea, el rey les preguntó qué harían para evitar caer por uno de los precipicios.

-Yo manejaría el carro a tres pies de la orilla del abismo -dijo el primero.

-Yo puedo llevar el carro desde la cima de la montaña hasta el pueblo, manejando a un pie de distancia del despeñadero  -añadió el segundo

El rey quedó sumamente admirado con la respuesta de aquellos hombres. Aunque estaba seguro de que uno de ellos sería contratado, decidió preguntarle al tercero:

-Y usted, ¿cuán cerca de la orilla puede manejar?

-La verdad no sé, su majestad. Yo prefiero pasar lo más lejos que pueda. ¿Cuál de los tres fue contratado? ¡Claro que el tercero!

Él tenía una virtud que superaba la destreza de sus compañeros: era prudente. Salomón, a quien Dios dotó con sabiduría y prudencia, escribió: El prudente ve el mal y se esconde, pero los incautos pasan y se llevan el daño (Proverbios 27:12, RV95). Fíjate en el cambio de singular, “el prudente”, al plural, “los incautos”. Siempre son menos los que prefieren evitar el mal, ya que la gran mayoría prefiere andar bien cerca de lo que es amalo y pernicioso. La Biblia nos advierte: “El que no sigue una conducta prudente, irá a parar entre los muertos” (Proverbios 21:16) En cambio, como dijo Epicuro: “La prudencia es el más excelso de todos los bienes”.

En tu lucha contra el pecado, la mejor defensa que puedes exhibir es mantenerte lejos de todo aquello que pueda empujarte hacia un profundo abismo de inmoralidad, y llevarte por el sendero que conduce a la muerte física y espiritual. Te invito a que acudamos a Dios para que él nos ayude a ser prudentes en todo momento






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Las creencias adventistas tienen el propósito de impregnar toda la vida. Surgen a partir de escrituras que presentan un retrato convincente de Dios, y nos invitan a explorar, experimentar y conocer a Aquel que desea restaurarnos a la plenitud.

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